Por: Héctor Adolfo Montoya Padilla, Psiquiatra especialista en adicciones y en familia
El tema de los trastornos por adicciones de manera clásica
se ha relacionado con sustancias psicoactivas (SPA), que corresponden a las
llamadas “adicciones químicas”, centrándose casi toda la investigación en
éstas.
Sin embargo, a medida que finalizó el siglo anterior,
comenzaron a ser tenidas en cuenta como posibles formas de adicción, que se
salían de la toxicología clásica, conductas y comportamientos, que siguen en
muchos casos un patrón similar al de una adicción química (a SPA). (1)
(2) (3)
Sin embargo, solo hasta 2013 la Asociación Estadounidense de Psiquiatría (APA), incluyó en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los
Trastornos Mentales (DSM-V), que se supone debe incluir los trastornos
mentales existentes, un ítem denominado “trastornos
no relacionados con sustancias” ya dentro del capítulo de trastornos
adictivos, aunque este ítem hasta la fecha únicamente tiene en cuenta un
trastorno de comportamiento adictivo: “el
juego patológico”. (4)
Tal vez se ha sido demasiado prudente para reconocer otros
comportamientos como adictivos, pero no es fácil pues en la amplia mayoría de
los casos estas conductas las compartimos muchas personas, aunque con ciertos
límites. ¿en qué momento una conducta
común puede ser considerada patológica? ¿Cuándo se pasa de lo normal a lo
exagerado, a lo obsesivo y a lo adictivo? Son preguntas difíciles que va
más allá de lo psiquiátrico e incluyen lo sociológico, bioético y
neurocientífico, por lo que explica el cuidado de la APA para incluir más
conductas como posiblemente adictivas.
La posibilidad en nuevas adicciones algo hoy en día que genera y generará
controversia. (5) (6) (7)
Sin embargo, por mis años de experiencia reconozco que hay
multitud de conductas que pueden cumplir características propias de los
trastornos adictivos, pero suelen ser subdiagnosticadas y por lo tanto no aparecen
en reportes epidemiológicos; pero, merecen atención y tratamiento especializado
pues llevan, al igual que las adicciones químicas, a un deterioro biopsicosocial
de quien la padece, entorpece o desvía su proyecto de vida, y también afecta su
medio social como su familia. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha llegado a
señalar que posiblemente una de cada cuatro personas puede presentar una
conducta relacionada con las adicciones sin sustancia. Aunque también debe
tenerse en cuenta que muchas conductas que son persistentes en una persona, “exageradas u obsesivas”, tal vez no sean
adicciones sino síntoma de otra problemática.
Otro aspecto, sobre el que no me canso de insistir, es que
una adicción en la mayoría de los casos “no
viene sola”, casi siempre hay otra problemática subyacente que se ha
denominado “patología dual”; es
decir, la adicción suele ser “la punta
del iceberg”, “lo que más ruido hace”,
pero de fondo puede haber otro trastorno concomitante que merece atención y
tratamiento: tema de la “patología dual”
lo desarrollaremos en un futuro artículo.
Pero es un hecho, las adicciones no químicas,
comportamentales o no tóxicas existen, mucho más allá de la ludopatía. El
cuadro clínico y las funestas consecuencias pueden ser similares a las químicas, salvo el neurodeterioro que pertenece al efecto tóxico
se las sustancias psicoactivas. Las similitudes ente estos dos tipos de adicciones
incluyen también lo neurofisiológico, pues un neurotrasmisor, la dopamina, que interviene en la
percepción de gusto y placer, se ve afectado tanto por sustancias psicoactivas
(SPA) como por conductas placenteras que pueden avocar adicción, explicando en
parte le necesidad de repetir una conducta que se está transformando en nociva.
Lo genético también puede estar incluido y con frecuencia las adicciones
tóxicas y no tóxicas pueden ir juntas en la misma persona o entro de una misma
familia (recordar la cantidad de máquinas tragamonedas incautadas durante la
intervención de la zona del “Bronx” de Bogotá en 2016 (11) (12)).
En diferentes textos se señalan algunas conductas que no
están aún “oficialmente” clasificadas
como Adicción, pero pueden cumplir en algunos casos características adictivas y
deben tratarse como tales, entre ellas stán: (7) (8) (9) (10)
1. Dependencia a juegos
de azar (Ludopatía) ya sea en casinos reales o virtuales
2. Dependencia a nuevas tecnologías
- Redes Sociales Virtuales
- Búsqueda de relaciones por “chat”
- Internet en general
- Celular y teléfono
- Juegos de Video en solitario
- Juegos de Video en línea (Multiusuario)
- Especular con monedas virtuales
- Algunas formas de música electrónica
3. Dependencia a actividades cotidianas que se exageran
- Dependencia al trabajo o al estudio
- Dependencia a la comida
- Vigorexia o ejercicio exagerado
- Sexo y Cibersexo
- Religión o actividades espirituales
- Deportes de alto riesgo o situaciones de riesgo
4. Dependencias
emocionales
- Afectivas
- Manipulación
- Codependencia
5. Otros trastornos
en el control de impulsos
- Piromanía
- Compras
- Cleptomanía
- Ira
- Autolesiones y “Cutting”
- “Bullyng”
- Coleccionismo
La gran dificultad estriba en cuando estas conductas pasan
de ser “no patológicas” a “excesivas”, “obsesivas” o “adictivas”. Así mismo, es
importante diferenciar cuando estas conductas pueden ser síntomas de otro trastorno.
Adaptando arbitrariamente los criterios diagnósticos
“oficiales” para ludopatía, es posible considerar la opción que una persona es adicta a una
conducta o comportamiento cuando se presentan varios de los siguientes síntomas:
Sobre el tratamiento debe insistirse en las siguientes
pautas:
- Es necesario que la persona acepte que su conducta ha pasado a ser adictiva y afecta seriamente su vida y la de su contexto familiar.
- El individuo afectado debe aceptar que necesita ayuda, que por si solo no puede ya detener la conducta nociva.
- Lo fundamental es la psicoterapia que debe ser realizada por expertos de experiencia comprobada, con la suficiente dedicación y cuidado.
- Siempre debe participar un psiquiatra en el tratamiento, pues:
- Es absolutamente necesario descartar o confirmar la presencia de otra enfermedad psiquiátrica (patología dual) y dar el tratamiento también a ésta de manera concomitante.
- Es absolutamente necesario descartar que el comportamiento exagerado no es síntoma de otro trastorno mental que amerite tratamiento y esté solapado por la “conducta que más ruido hace”.
- A veces es necesario el soporte con medicamentos, especialmente al comienzo cuando es necesario estabilizar la persona y ayudarla a detenerse.
- En algunos casos el tratamiento puede ser ambulatorio, en otros puede ameritar ingreso a institución de internación, especialmente cuando el individuo está muy desestabilizado, no puede detenerse, su seguridad física, económica, mental está en riesgo, hay serio conflicto intrafamiliar que afecta el tratamiento, o la imposibilidad de controlar el acceso a espacios en los que se puede recaer en la conducta adictiva.
- Todo tratamiento debe incluir la familia del afectado, que de una u otra manera también pueden estar afectados.
- El tratamiento debe ser integral, pues debe evaluarse y, si es necesario modificar, proyecto de vida de la persona, relaciones interpersonales, uso de tiempo libre, amistades, aspectos emocionales y afectivos, costumbres, aspectos espirituales.
- Los principios para prevenir recaídas en las adicciones químicas son válidos cuando se adaptan para prevenir la recaída en adicciones no químicas.
En la Fundación Mente en Armonía hay un equipo de expertos
en adicciones con amplia experiencia que pueden ayudarte a ti o a tu familiar,
comunícate con nosotros, con gusto aclararemos tus dudas: Celular 317-6718697 - fundacionmenteenarmonia@gmail.com
Sobre el Autor:
Héctor Adolfo Montoya Padilla es Médico Psiquiatra, especialista en Adicciones, magister en Terapia Familiar y magister en Bioética.
Referencias:
1. Griffiths, M. D. (2017). Behavioural addiction and
substance addiction should be defined by their similarities not their
dissimilarities. Addiction, 112(10), 1718-1720.
2. Sussman, S., Rozgonjuk, D., & Eijnden, R. (2017).
Substance and behavioral addictions may share a similar underlying process of
dysregulation. Addiction, 112(10), 1717-1718.
3. Kräplin, A. (2017). Conceptualizing behavioural addiction
in children and adolescents. Addiction, 112(10), 1721-1723.
4. American Psychiatric Association (APA). (2013). DSM 5:
Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorder. Washington DC: American
Psychiatric Publishing.
5. Laespada, M. T. (2013). ¿Existen las adicciones sin
sustancias? Bilbao: Publicaciones de la Universidad de Deusto.
6. Brugal MT., Martos AR., Villalbí JR. (2006). Nuevas y
viejas adicciones: implicaciones para la salud pública. Agència de Salut
Pública de Barcelona. Barcelona. España. (New and old addictions: implications
for Public Health). Gac Sanit. 20(Supl 1):55-62
7- Castro Santander, A. (2017). Bullying blando, bullying
duro y ciberbullying: las conductas adictivas y los nuevos consumos culturales.
Rosario: Homo Sapiens Ediciones.
8. Echeburúa Odriozola, E. (2016). Abuso de Internet:
¿antesala para la adicción al juego de azar online? Madrid: Difusora Larousse -
Ediciones Pirámide.
9. Echeburúa, E. (2009). ¿Adicciones... sin drogas? Las
nuevas adicciones: juego, sexo, comida, compras, trabajo, Internet (2a. ed.).
Bilbao: Editorial Desclée de Brouwer.
10. Echeburúa, E., & Requesens, A. (2012). Adicción a
las redes sociales y nuevas tecnologías en niños y adolescentes: guía para educadores.
Madrid: Difusora Larousse - Ediciones Pirámide.
11. Diario el Tiempo (2016). El millonario negocio detrás de
las maquinitas del 'Bronx'. http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-16617888
12. Revista Semana (2012). Decomisan máquinas tragamonedas
en el “Bronx”- http://www.semana.com/nacion/articulo/decomisan-maquinas-tragamonedas-bronx/266105-3



